Los Ancianos

Honro a los ancianos.

En su lacerada piel, cómo en la corteza de un antiguo roble, se encuentran las cicatrices de cada golpe recibido a lo largo de su existencia.

Cada arruga es el recuerdo de un ser querido fallecido, de cada desilusión. Los viejos son el último vestigio de un mundo pasado ya casi extinto que ha sido metódica e inmisericordemente demolido.

Son criaturas solas, cómo la piel de una culebra que lentamente se desgarra para dar lugar a una nueva y frágil que ultimadamente sufrirá la misma suerte.

Son el constante recuerdo de nuestro destino y su serenidad y sabiduría son el resultado de un lento y doloroso proceso que les ha enseñado que la única verdad inevitable sólo se puede afrontar resignada y humildemente.

Todo lo demás son inútiles intentos para tratar de olvidar que todo lo que consideramos precioso será consumido por el incesante gotear de la arena en la clepsidra.