La Pelotita Naranja

Camino por ese largo y blanco corredor. Lo hago cómo cada día, pero ya con más seguridad. Cruzo a la izquierda y ese característico olor invade mi alma, todo es muy complejo para ser un sueño, eso es lo único que me hace estar seguro que no es una pesadilla. Veo gente luchando con la muerte, visiones de guerra en un lugar en paz. Nada tiene sentido.

De repente me encuentro con mi destino, veo a mi padre en una silla con recuestabrazos apoyando su cara sobre su mano izquierda pensativo, más bien distraído mirando al infinito. En su otra mano tiene una pelotita naranja que presiona repetitivamente, sus piernas desnudas caen bajo una bata verde.

Se da cuenta de mi presencia y con una mueca que asemeja una sonrisa me mira, noto su alegría. En ese momento dejo de ser niño, me doy cuenta que el superhombre que él es para mi es sólo una más de las escenas dantescas de ese lugar. Veo lo humano e indefenso que es. Veo lo asquerosa e irónica que es la vida, en el momento en que más necesito su apoyo no lo tengo.

Me siento impotente y abatido ante la contundencia de la realidad.