La Fábrica

“Ingeniero, las trabajadoras se están quejando de la nueva forma en que tienen que cortar las flores. Dicen que demoran más y hoy no van a hacer tanto dinero como otros días.”

El rostro del ingeniero cambia, se le ve contrariado. Toma su celular y se dirige a la planta de procesamiento rápida, furiosa y decididamente.

Las quince trabajadoras vestidas de verde, botas amarillas y su pelo cubierto con malla se encuentran cortando tallos. Un radio toca música tropical a medio volumen.

El ingeniero entra. Nerviosamente la directora de la línea de producción corre y le entrega la plantilla con las estadísticas del día. Las trabajadoras bajan y esconden la mirada, la música se detiene y un silencio sepulcral llena la planta.

El ingeniero mira los números y habla molesto:

- Me dicen que hoy se han quejado por el trabajo que se les ha hecho hacer. ¿Quienes son las que se quejan y por qué se están quejando?

Aterradas, las trabajadoras tratan de volverse invisibles. Todas menos una.

Rosa, una chica de mirada bella e inteligente, es la única que lo observa directamente a los ojos.

Pausadamente con voz serena da sus razones de por que la labor que se les ha encomendado las perjudica.

La molestia del ingeniero se convierte en furia. A gritos les recuerda lo buenas que son las condiciones de trabajo en esa fábrica y les anuncia que el subsidio del almuerzo será revocado de no aumentar la producción.

–Si alguna tiene algún problema o sugerencia en el futuro, que se aproxime a mí y me lo comente.

Rosa lo ve dar media vuelta y salir de la planta. Resignadamente toma una flor y comienza a hacer el nuevo corte.

Ella corta diariamente más flores que cualquiera de las otras mujeres. Es una líder innata y en pocas horas aprendería a llevar las plantillas. Dadas las condiciones adecuadas en un par de años ella podría estar dirigiendo la fábrica.

Rosa nunca será promovida. Es difícil encontrar cortadoras tan eficientes.